Sección de Contactos.


Hola, me llamo Yo (me robaron el nombre) y soy experto en Perder. Pero no soy un Perdedor. Soy el mejor profesional de este servicio que yo mismo inventé. Estoy hecho para tí. Tengo veinte licenciaturas: en Dejar, Olvidar, Abandonar, Malograr, Malgastar, Desperdiciar, Desaprovechar, Extraviar, Descarriar, en Confundir, Despistar, Desviar, Corromper, Estropear, Enviciar, Desvanecer, Disipar, Escapar, Estropear y Deteriorar. Todas ellas por la Universidad del País de Nunca Jamás, con una media de cero (en algún lado debe andar el uno de la izquierda).

Pierdo de todo, cualquier cosa: partidos de fútbol, móviles, amigos, juegos de llaves, una chica, jerséis, respeto, aparatos electrónicos, dignidad, apuntes, las fuerzas, ropa interior, la sonrisa, batallas de videoconsola, la fé, la página por la que iba, la memoria, dinero, la esperanza, abonos transporte, el miedo, el aparcamiento del coche, un ser querido, la tarjeta de débito, la cabeza, la cámara de fotos, la ilusión, las entradas de un concierto, el conocimiento, pendrives, la autoestima, la comida para el viaje, la virginidad, el disco que me dejaste, la vergüenza, la razón, la servilleta con su número, el hilo, la dirección de destino, el norte, el reloj, el sueño, el tren, la costumbre, las medicinas, la cordura, un par de kilos, el tiempo, la contraseña, la paciencia, el dni, el sentido común, el boli, el ritmo, el recibo del Burguer King, la inocencia, el pelo, los papeles, la mochila, el paso, el ticket del guardarropa, la concentración, el cepillo de dientes, el control, el mechero y muchas cosas más que creó que dejé apuntadas en un bloc de este cajón.

Un momento, lo voy a buscar.

Mierda no está aquí.

Llámame. Me puedes encontrar perdido en cualquier sitio.

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Cochecitos.


Y esto te lo escribo a tí, pequeño. Porque en ese momento la cagaste, y mucho. Y está bien que te escribas esto a tí mismo con el fin de redimir tu culpa. Que ya llevas mucho cargando con ella. ¿Cuánto? Dieciséis o diecisiete años, un montón. Que si, que ya lo sé, que eras el ojito derecho de Doña Esperanza, o Doña Rosa, o Doña Manoli, no lo recuerdas muy bien. Que si, que también sé que eras el que mejores notas sacabas, el que mejor dibujaba de clase, el gracioso y el mejor amigo de las niñas. Pero joder, estabas gordo. Estabas muy gordo. Y el sobrepeso impone un rol en el C.P. Portugal, ese colegio lleno de cabrones con mal despertar. Y aunque el chulito de la clase siempre fue tu mejor amigo, siempre habia algún fortachón, algún hermano mayor de la única niña a la que gustabas, algún filipino que no había cenado ayer o algún Rambito que te hacía irte llorando a casa. Que tú eras muy bueno, que si, pero también un poco tonto, porque solamente a tí Gabriel te podía vender una brújula militar por dos mil pesetas de las de entonces. Eran tus ahorros joder. Que cambiabas los únicos amigos de tu casa, los cochecitos con los que tanto jugabas, por cualquier mierda, por cualquier otro cochecito sin espíritu. Y tú lo sabías idiota, y aún así lo hacias. Que creías a tu madre cuando te decía “hijo, tú no estás gordo, lo que te pasa es que tienes el hueso ancho, como tu tío”. Y te quedabas tranquilo. Te lo digo otra vez, eras idiota. Por eso, y volviendo al tema, te repito que ese día la cagaste. La 'seño' simplemente estaría cansada de sus treinta y pico gilipollas, y te cogió a ti por banda para que salieses a la pizarra y apuntases los nombres de los niños que hablasen. Y te lo tomaste en serio, gordo de mierda. Bueno, perdona que te hable así. Pero es que ella seguro que se fue a mear al baño y se olvidaría de tí. Tú y tu estupido sentido de la responsabilidad y tu tripa llena de bambas de nata. Te levantaste temblando y borraste una esquina de la pizarra, y cogiste la tiza y mirastes al resto de tus compañeros de correrías. Y te convertiste en la vergüenza del sindicato de estudiantes apuntando todos esos nombres. Tú y tu tiza acusadora y tu barriga llena de palmeras de chocolate, ahí de pie, provocándoles. Y casi tiene que venir la maldita policía para salvarte, subnormal, que encendiste tú aquel motín que intentaste apagar anotando el nombre de toda la puta clase, correveydiles. Hasta el nombre de aquél filipino que seguramente tampoco cenaría la noche anterior. Y luego que pena me doy, que me tengo que ir con un ojo morado a mi casa, o con el labio roto, o con la moral por los suelos, o con el alma a pedazos, por aquello de “no me podía defender de Edison, el filipino, porque yo llevaba unos guantes para la nieve puestos”. Eso era mentira gordo, nunca supiste pegar bien. Y aunque fueses pequeño y tonto sabías perfectamente que un niño asiático moreno y con los ojos rasgados algo de artes marciales tiene que saber. Y si no sabe, hará como que si.

Pero, a pesar de todo, estuviste muy valiente delante de todos, con la cara roja y con todo el miedo que se leía en tus pupilas. Así que por todo eso, te perdono. Y porque ya tocaba.

Gordo, que siempre serás un gordo.

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Esquinas.


Están ahí. Siempre están ahí. Soportando el peso del paso del tiempo. Sobreviviendo a vidas y a muertes. Presentes en tiempos de guerra, inmóviles, incapaces de esquivar el disparo de un francotirador. Con muescas, grietas, desconchados, con piel de granito o de ladrillo, maquilladas por botes de spray. Cobijo para putas, perros con incontinencia urinaria, gatos en busca del radiador de un coche recién aparcado, solitarios y olvidados, lágrimas, individuos invisibles, chicas que esperan a sus chicos abrazando sus carpetas, ciegos que anuncian sus cupones, chinos ambulantes que exponen cervezas, carteles de conciertos, anuncios para compartir piso, borrachos que necesitan resbalar por ella para alcanzar el suelo de lleno, quinceañeros que fuman su primer porro en grupo, parejas que follan en la calle sin pudor. Todos ellos son admiradores del ángulo recto. Todos ellos buscan verse amparados. Todos ellos saben que son las que posibilitan el eco de sus gritos. Y ellas son testigo de todo. Y ellas callan, y soportan heroicamente el día y la noche, el frío y el calor, el enfado o la alegría de quien pase por allí. Y ellas son principio y final, donde la figura empieza y termina. Y hacen falta cuatro de ellas para poner límite a esa cama que no era tuya. Y dan forma a todo, y ponen orden, y contienen el crecimiento y dictan el contorno, y dibujan caminos que siempre podremos tomar, a libre albedrío. Porque sin ellas todo sería una larga línea recta, que recorreríamos sin más, sin cambios, sin recodos donde esconderse, sin vueltas a la manzana, sin marcha atrás, sin giros de 360º, sin parar, sin cambios de ritmo, sin ostias, sin perderse.

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Densidad Espectral.


Erguido porque sí, galopando sobre plastilina, sujeto al capricho de unas gomas elásticas, bebiendo tabaco y fumando alcohol, insuflando aire caliente a un globo aerostático, zapateando según el orden dictado por el drum and bass, ilustrando las líneas de nivel de un mapamundi, orando para que funcione el percutor de su revólver, encaramado en su farola favorita, tamborileando con un boli bic, aullando como un karateka, cautivando como cautiva un jaguar, esculpiendo figuras en cumulonimbos, batiendo récords en el tetris, memorizando manuales de metafísica, desenfocando su futuro, extasiado porque el ruido rosa es una señal con un espectro de frecuencias tal que su densidad espectral de potencia es proporcional al recíproco de su frecuencia, prendiendo fuego a los contenedores, cavilando sobre quién vivirá enfrente, deletreando el término 'ocre', diseñando hábitos de superhéroes a sus congéneres, devorando su espalda con el filo de una esquina, brincando sobre la tecla de un piano, pegando patadas a la Vía Láctea y encerrando sus fotos en un congelador, pensó:

Llega el momento de irme a la cama.

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Haiku


Y solamente antes de morir se dió cuenta de que podría vivir eternamente con el recuerdo de todos sus segundos en el momento de cerrar los ojos.

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Humo.


Te llamo para tomar un café.

Mañana te envío el mail.

Cuando puedas cogemos las entradas.

Tenemos unas cañas pendientes.

A ver si cojo un vuelo y voy a verte.

Mandame un mensaje y contesto con lo que sea.

Un día me paso por tu trabajo.

Hablamos qué hacer este verano.

Vente conmigo el viernes que quieras.

La semana que viene te invito a cenar.

Llámame al telefonillo un domingo por la tarde.

El miércoles vamos al cine.

Una mañana desayunamos.

Si tengo un rato me paso.

Luego os llamo.


El mundo en el que cumplir no es mentir es diferente al nuestro. Probablemente mejor.

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Estroboscopio.


Luces estroboscópicas. Colillas en el suelo. Gente desconocida. Amaneceres. Calcetines tirados en el suelo de tu cuarto. Pis. Labios pintados. Pegatinas con mensaje pegadas en una señal de circulación. Películas. La matrícula de un coche que te sabes de memoria. Ciudades del extranjero. La arena de la playa resbalando entre tus dedos. Oscuridad. Las sábanas de una cama que no era la tuya. Estrellas fugaces. Nieve. Logotipos de marcas. Páginas de libros. Caras de gente que conociste una única noche. Fotos. Tu reflejo en el cristal de enfrente en un vagón de metro. Palomitas. Globos de helio con figuras de dibujos animados. Cucuruchos de helado. Estatuas. Edificios. Árboles. La luz cegadora del sol. Flores. Insectos curiosos. Chucherías. Montañas rusas. Balones estrellados contra el poste de la portería. Dinero en tu mano. Palomas volando asustadas. Sonrisas. Ojos. Orejas. Drogas que no probaste ni probarás. Pobreza. Cestas llenas de fruta. Esquinas. Fuego en una hoguera. Comida haciéndose en una sartén. Lágrimas. Famosos y famosas. Gente nadando debajo del agua. Guitarras sonando. Zapatos de tacón. Las manecillas de un reloj. Oficinas. La espuma de las olas. Personas cansadas. Minifaldas. Vasos de coca cola. Jirafas. Puñetazos. Aviones despegando.

Todo eso lo han visto tus ojos y aún crees que tu vida es algo normal.

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Celebra Cerebro


Antes de enroscar el parietal y acoplar el frontal de su cráneo, los operarios comentaron:


- ¿Estás seguro?

- Hay prisa. Vamos a darle otra oportunidad.

- Bueno, tu verás.


En los laboratorios neuronales los investigadores decidieron investigar nuevos niveles emocionales. Aquello resultó ser una partida defectuosa. Y fuera de lo normal.

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Cazando


Me llamo X. y soy un cazador furtivo de miradas.

Ahora estoy atrapado en un ascensor.

Lo llevo haciendo desde pequeño. Quizás fuera mi sordera. Quizás el hecho de que desde un principio era la gente la que me observaba a mí. Pronto aprendí que aquellos ojos eran mejores que cualquier conocimiento en una pizarra, que cualquier libro, cualquier dibujo o cualquier imagen en la televisión.

Me gusta observaros. En cualquier lugar. Frecuento las cafeterías 'Starbucks', los transportes públicos, los centros comerciales y las calles al anochecer.

Para mi cazar es fácil. Simplemente te miro desde que te fijo en mi objetivo. A lo lejos y a lo cerca. Te atravieso con la mirada con la mente en blanco y una cara ensayada. Tu intución no tardará en avisarte de que estoy allanando tu intimidad.

Mis presas son vuestras miradas, vuestras reacciones. Me las llevo a casa en una mochila que siempre llevo a cuestas. Adoro sacarlas y dejarlas encima de mi mesa, todas juntas. A veces son una decena. Si tengo suerte y voy a una manifestación, son muchas más.

Una vez en mi poder, no suelo colgarlas en la pared como si fueran cabezas de jabalí. O mariposas en un corcho. No, prefiero jugar con ellas mientras están vivas. Las más comunes, las miradas que no mantienen mi mirada, las convierto en miradas confiadas y seguras. A las miradas tristes les cuento chistes o famosos monólogos para hacerlas reír. A las miradas cansadas les digo “take it easy”. A las miradas ignorantes les leo libros todas las noches, y las dejo dormir.

Solamente dejo libres las miradas alegres, las menos comunes, los tesoros de la ciudad.

Escribo esta nota porque lo único que no puede hacer un cazador de miradas es mirarse a si mismo. El ascensor de mi casa no tenía espejo, hasta que decidieron cambiar el modelo esta mañana. No lo tuve en cuenta al meterme.

El espejo me ha devuelto lo que soy. Tengo la mirada cada vez más entumecida. Y el resto del cuerpo solamente existe con mi mirada. Quedaré congelado.

El cazador cazado por el propio cazador

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Mensajes (no tan) privados. 2.


Querida, quizás en los años 90 el helado "Frigopie" revolucionó el mercado de la repostería congelada. La perspectiva de ver a miles de pequeños españoles lamiendo un piececito rosa cegó lo que probablemente se trataba de una infamia helada, puesto que se trataba de algo tan burdo como podría haber sido la "Frigomano" o la "Frigotibia". Sin sabor. Y para un "target" demasiado concreto. Niños con ganas de chupar piés. El "maxibon" es un helado del 2000, que supo poner de acuerdo a los conservadores partidarios del sandwich de nata con los más arriesgados fanáticos del bombón almendrado. Un goloso choque de culturas que fué llevado a buen término. Éxito. El paradigma del helado.

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Supermercado (de barrio)


El problema es que cuando vas al supermercado siempre compras las mismas cosas, de memoria. Entras por la puerta, coges una cesta virgen y la dejas embarazada con los productos que sabes que te permitirán pasar el día. Solamente impones una ligera distancia entre el lunes, el martes, el miércoles, el jueves, el viernes, el sábado y el domingo. Te sabes los pasillos de memoria, los recorres siempre de la misma forma, tus ojos trazan líneas invisibles en la estanterías, tus córneas se agitan de forma idéntica a ayer y antes de ayer. Nunca saludas a la cajera. Nunca te llevas las bolsas de casa. Nunca compras algo que te dé vergüenza, serías el más correcto del régimen.

¿Por qué no algo diferente? Puedes ir en patines, con la cara maquillada, una falda minúscula y una camiseta en la que ponga “Little Miss Sunshine” y dibujada una cara amarilla muy sonriente. Puedes entrar a través de los arcos de seguridad, en vez de pasar por el torniquete, yendo en dirección contraria a la gente que espera en la cola. Puedes realizar el itinerario de los pasillos al revés de como acostumbras, y detenerte durante más de una hora en la sección de panadería y pastelería. Imagínate comprando todos los tipos de bollos de industria que existen: donuts, bollycaos, donettes, panteras rosas en packs de 3, phoskitos, la rosquilla de homer y cosas así. También esos nuevos bollos que hace tiempo que salieron y que nunca te paraste a ver que eran, esos que te hacen ver que ya no eres un niño. Cuando eres niño te sabías todos, y abrías la boca mucho cuando descubrías uno nuevo. Llorabas sino te lo compraban. Lo abrías con ansia si ahorrabas 100 pesetas para poder comprarlo.

Eh! espera, me estoy andando por las ramas con el tema del azúcar.

Ya te has ido de la sección de cosas realmente ricas, de porquerías. ¿No? Y porque no compras...yo que sé...¿10 cajas de condones? Simplemente por ver el apuro que ibas a pasar, quiero que me cuentes cómo tenías la cara de roja. ¿Qué luego te van a ver con todas esas cosas en la cola? Por cierto, te sugiero que esta vez no cojas ni cesta ni carrito. ¿Qué no sabes montar en patines? Eso lo haría, sin duda, mucho más divertido. Porque justo cuando te toque pagar, quiero que le des un beso muy grande a la cajera, el mejor de tu vida, donde quieras pero el mejor. Y quiero que salgas muy rápido de allí, pero otra vez en dirección contraria y por donde entra la gente, por el torniquete, con esa señal enorme de prohibido. Y que no se te caiga nada ¿eh?

Sé que lo estás pasando mal. Haz eso, y ya verás como te sientes mucho mejor.

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Mensajes (no tan) privados . 1


Jaque mate.
...En 3,589 movimientos. Pero un jaque mate es un jaque mate.
Enhorabuena, el público lo pedía a gritos.
Van tres y faltan siete?

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Un domingo cualquiera.


Quiero irme a Brno, a Londres y a Roma.
Quiero que llegue junio ya.
Quiero poder hacer ctrl+y en la vida real.
Quiero poder hacer ctrl+z en la vida real.
Quiero trabajar.
Quiero acabar.
Quiero irme a Granada un fin de semana.
Quiero compartir piso.
Quiero una cámara réflex.
Quiero todas las cámaras lomográficas.
Quiero dormir bien.
Quiero que me reciban como al hijo pródigo.
Quiero leer.
Quiero a mis cascos Sennheiser.
Quiero revender las entradas de Muse.
Quiero ver películas.
Quiero ir al cine.
Quiero comer, siempre.
Quiero montar en bicicleta muchos kilómetros.
Quiero una bici como la de él.
Quiero ver al Rayo contra el Athletic este miércoles.
Quiero que acabe el domingo
En el que se acaba el verano.

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RIP


El día que junte a Gorka, a Iggy y a Fer, no sé que va a pasar.

Pero aún quedan aproximadamente 8 meses.

Mientras tanto...

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Vértigo (algo antiguo)


vértigo.

(Del lat. vertīgo, -ĭnis, movimiento circular).

1. m. Med. Trastorno del sentido del equilibrio caracterizado por una sensación de movimiento rotatorio del cuerpo o de los objetos que lo rodean.

Esto es lo que comunmente se conoce como vértigo.

Con ella la definición de vértigo es otra:

referente a la altura.

1. m. Psicol. Sensación de inseguridad y miedo a precipitarse desde una altura o a que pueda precipitarse otra persona.

Sabiendo que la altura desde la que te puedes precipitar es ella.

Sentir ese vértigo me hace mucho más humano.

Pero hoy me has dicho que también sientes ese vértigo. Y me has arrancado una sonrisa silenciosa.

¿Por qué? Porque sé perfectamente lo que significa.

Extraordinariamente cercana.

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Efecto Mariposa


Hoy he pensado, mientras comía, en cómo son las cosas. Y me he preguntado ¿Qué hubiese sido del mundo si Monica Lewinsky no hubiese sido becaria de la Casa Blanca? ¿Habría cambiado todo?

Si Monica no hubiese sido becaria de la Casa Blanca, probablemente no habría ocurrido el incidente de la felación al entonces presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton. Si millones de telespectadores no hubiesen visto a Bill reconociendo los hechos, quizás una gran parte de la población conservadora de aquél país hubiese seguido confiando en el partido Demócrata. A lo mejor este hecho provocó que 534 votantes del estado de Florida cambiasen su voto al partido Republicano liderado por George Bush en vez de al partido Demócrata de Al Gore. Esas 534 votaciones decidieron las elecciones del año 2000 en Estados Unidos en favor de Bush, a pesar de no contar con la mayoría relativa de votos en los USA, ya que tenía medio millón menos que el candidato Gore. Si George no hubiese ganado, tal vez no se hubiese producido la cumbre de las Azores, donde el presidente Bush de los Estados Unidos, el presidente Tony Blair de Inglaterra y el de España Jose María Aznar se reunieron con el fin de llegar a un acuerdo y dar un ultimátum al ejecutivo iraquí, ya que según como habia investigado la C.I.A Irak poseía armas químicas. Es curioso por otro lado que nunca se hayan encontrado tras la invasión. Si no se hubiese producido aquella cumbre, es posible que España no se hubiese implicado tan politicamente en la guerra de Irak. Si España no hubiese estado de acuerdo con esa guerra, a lo mejor las miradas del irracional odio del terrorismo islamista no se hubiesen fijado en un país como España. Si los de Al-Qaeda no se hubieran fijado en España quizás un grupo de terroristas fanáticos del Corán no hubieran trazado un plan para el día 11 de Marzo. Es posible, a lo mejor, tal vez, es probable...que si no hubiesen trazado un plan para el día 11 de Marzo en Madrid no hubiese ocurrido aquello aquella mañana de Marzo en Madrid, en la que todos nos congelamos al menos un segundo.

No pretendo ser pretencioso. No se trata de mi opinión sobre el tema. Simplemente en cómo son las cosas, aquello del "Efecto Mariposa":

“el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”

Después de esto, y en absoluto silencio, seguí comiendo, y pensé en otra cosa. Y el mundo sigue girando, en éste momento al ritmo de lo que escucho: come on eileen.

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Diálogos Películas: El indomable Will Hunting


"¿Por qué no debería trabajar para ustedes? Pregunta difícil... pero intentare responderla... imaginemos que empiezo a trabajar y me ponen un código sobre la mesa, uno con el que nadie puede, yo intento descifrarlo y lo consigo, y me siento satisfecho porque he hecho bien mi trabajo, pero a lo mejor ese código era la situación de un ejército rebelde en el norte de África, y en cuanto han localizado su escondite bombardean el pueblo donde se esconden los rebeldes, mueren quinientas personas a las que no conocía y con las que no tenía ningún problema, y luego los políticos dicen 'enviemos a los marines para asegurar el área' aunque les importa una mierda, no serán sus hijos los que vayan a morir, los suyos tienen recomendación y se pegan la vida madre en la guardia nacional... será un chico de Southfleid al que llenaran el culo de metralla y cuando vuelva descubrirá que la planta en la que trabajaba ha sido trasladada al país del que acaba de volver, y el tipo que le llenó el culo de metralla le ha quitado el trabajo porque lo hará por quince centavos al día y sin pausas para mear... y luego el chico comprende que el único motivo por el que lo enviaron allí fue para instaurar un gobierno que nos vendería el petróleo a buen precio, y las compañías petrolíferas han aprovechado el conflicto para disparar el precio de la gasolina, lo que supone un hermoso beneficio para ellas, de modo que a mi colega no le ha servido de nada, así que se toman su tiempo para traer el petróleo nuevo, y se toman la libertad de contratar a un capitán mercante borracho al que le gusta darle al martini y hacer slalom sobre los icebergs, a medio camino choca con uno, derrama el petróleo y se carga la fauna del atlántico norte... mi colega esta en el paro, no puede pagar la gasolina y va andando a buscar empleo y eso le putea porque la metralla del culo le ha provocado hemorroides, y esta muerto de hambre porque cuando va a comer, el único plato del día que sirven es pescado del atlántico norte al aceite de motor... ¿Qué que me parece? creo que puedo montármelo mejor, pienso \"que coño!!\" ya puestos ¿por qué no me cargo a mi colega? le quito su trabajo, se lo doy a su enemigo, subo la gasolina, bombardeo un pueblo, mato a una foca a golpes, fumo maría y me apunto a la guardia nacional... podría llegar a presidente!".


Matt Damon en El Indomable Will Hunting


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